Estas son las últimas fotografías que voy a subir del viaje a Tánger. Que creo que ya es suficiente. Estaba empezando a coger manía al viaje, a las fotos y a todo… de ver que a estas alturas, enero febrero ya, todavía seguía con imágenes pendientes de revisión y edición (llevo desde finales de agosto poquito a poco preparando este reportaje).
Así que hoy era el día en que tenía que dar por zanjado el asunto, y así he hecho. Esta serie se llama provisionalmente “De paseo”. Algunas de las fotografías están un poco desenfocadas o con un encuadre no demasiado cuidado… están tal cual se hicieron y pasadas a blanco y negro, por simplificar aún más y romper con la línea de edición más cuidada que he hecho en las otras. Cuando se me olvide la tabarra que me han dado estas fotografías y pase algún tiempo a lo mejor decido reeditar alguna de estas de abajo para darles el estilo de las anteriores, pero por ahora así se quedarán.
Cuatro niños pequeños marroquíes sentados en ese escalón, entre ellos el de la foto. “Que bien, que bonito retrato de niños de aquí puedo hacer”. Me acerco sonriendo y haciendo el bobo a ver si se dejan fotografiar, me pongo detrás del objetivo y encuadro, antes de que me de tiempo a tirar la fotografía tres de ellos se levantan y salen corriendo. Solo se queda el niño-guiño. Un señor mayor se acerca hacia mí hablando en árabe y con cara de pocos amigos, me preocupo..
- Oiga, ¿habla español? ¿puedo echarle una foto a este chico? – con gestos, a ver si me entiende..
- Oh sí, sí, foto, no problema… – me sonríe el hombre.
Tiro la fotografía.
- Este niño, ¡auténtico andaluz! Sí, sí, español… – el hombre vuelve a sonreír y sigue su camino.